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jueves, 20 de diciembre de 2012

Cap 14.

De pronto la sonrisa se escabulló de mi cara, mi mirada se congeló mientras empezaba a temblarme todo el maldito cuerpo. Oí cerrarse la puerta de casa de un portazo, y casi como impulso inconsciente me puse en pie y corrí hacia el comedor. Se encontraba frente a mí un caos del que no tenía consciencia que había sucedido, la mesa movida de sitio, algún que otro mueble roto, o tumbado... No podía creer que no me hubiese enterado de lo que había pasado, notaba como si faltase lago, o alguien. Faltaba ella, no estaba, se había ido.

Cogí el móvil lo más pronto que pudieron mis dedos, marqué su número y en pocos segundos dio señal. Pero no contestaba, la espera se me hizo eterna, volví a llamarle varias veces más pero era inútil, no lo cogía. Se me erizaban los pelos de punta de la desesperación, podría haberle pasado cualquier cosa, podría ser capaz de demasiadas cosas, y no tener consciencia de ninguna de ellas. Volví a llamar, con la esperanza de escuchar su voz.
-¿Hola?- pregunté al instante cuando lo cogió. Se oyó un leve suspiro y dio por finalizada la llamada colgándome. A los pocos minutos, que a mí me parecieron infinitos, llegó un mensaje.
Mis ojos víctimas del desconcierto se me nublaron y me senté en el sofá, a dejar que el tiempo detenido pasase a la velocidad que los segundos perdidos le permitían, sin recibir respuesta.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Cap 13.

Me desperté con el corazón sobrecogido y con los ojos llorosos, apenas recordaba qué había pasado, ni porqué me había quedado dormida, mi desconcierto se desvaneció casi al instante cuando el sobrepasado volumen al que se encontraba la música me despedazaba los tímpanos, lo que me parecía raro es porqué ella no le había bajado el volumen o quitado del todo, entonces recordé que tenía que ir a ver como se encontraba. Me levanté de la cama tropezándome con las sábanas que arrastraban calléndome de bruces. El golpe me descompuso, y a duras penas me levanté tambaleándome y al abrir la puerta me la encontré con cara de pánico, aún no sabía si porque había sucedido algo o por la escandalosa caída de hace unos segundos.
-¿Has dado la vuelta a la Tierra con el resbalón, o quieres que terminemos de darla?- dijo medio riéndose, supongo que no le resultó extraño una mis patosas caídas, ya estaba acostumbrada así que cruzando el pasillo medio cojeando le contesté: - Que sepas que me he hecho daño de verdad. Y me miró con cara de quien no dice algo nuevo y dándome un abrazo me preguntó si estaba realmente bien. Le respondí con una sonrisa y me senté en una silla a merendar, mientras ella se iba al salón riendo por el camino.