Me desperté con el corazón sobrecogido y con los ojos llorosos, apenas recordaba qué había pasado, ni porqué me había quedado dormida, mi desconcierto se desvaneció casi al instante cuando el sobrepasado volumen al que se encontraba la música me despedazaba los tímpanos, lo que me parecía raro es porqué ella no le había bajado el volumen o quitado del todo, entonces recordé que tenía que ir a ver como se encontraba. Me levanté de la cama tropezándome con las sábanas que arrastraban calléndome de bruces. El golpe me descompuso, y a duras penas me levanté tambaleándome y al abrir la puerta me la encontré con cara de pánico, aún no sabía si porque había sucedido algo o por la escandalosa caída de hace unos segundos.
-¿Has dado la vuelta a la Tierra con el resbalón, o quieres que terminemos de darla?- dijo medio riéndose, supongo que no le resultó extraño una mis patosas caídas, ya estaba acostumbrada así que cruzando el pasillo medio cojeando le contesté: - Que sepas que me he hecho daño de verdad. Y me miró con cara de quien no dice algo nuevo y dándome un abrazo me preguntó si estaba realmente bien. Le respondí con una sonrisa y me senté en una silla a merendar, mientras ella se iba al salón riendo por el camino.
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