Abrí los ojos que pesaban como plomo, prueba del cansancio. Tan sólo habían pasado cuarenta y cinco interminables minutos. Con el móvil en las manos volví a releer el mensaje que me había enviado poco antes, no podía creer que le hubiese pasado de nuevo. Pensé en salir a buscarla pero si era verdad, sería demasiado tarde para evitarlo. Además también tenía que conseguirlo sola en ese sentido, por cruel que pareciese la situación. Pero no había muchas más soluciones al alcance, ni de ella, ni mías. De nadie.
Como si mi mente intentara devanarse los sesos buscando un ápice de esperanza fui a su habitación y rebusqué entre los papeles en el escritorio. Allí estaban, posibles pistas que contenían la respuesta en forma de jeroglífico. Cogí todos los dibujos que encontré, los terminados, a medio acabar y los que apenas había comenzado.
Empecé a revisarlos, observando cada milímetro del folio, cada trazo, cada línea, cada punto prácticamente invisible. Pero que a sus ojos se convertía en una pequeña parte más del dibujo. Algunos de ellos se podría decir que los entendía, aunque me costaba muchísimo, incluso dudaba de que ella no los entendiese pero al fin y al cabo eran suyos. Seguro que sabía que significaba cada porción de ellos, sabría interpretarlos a la perfección si se los ponían delante suya.
Segundo dibujo, un gato. Me recordaba a un personaje ficticio de una película que me gustaba muchísimo, pero no conseguía dar con el nombre en mis recuerdos. -Sí, es el gato Chesire, mi personaje favorito. De la película de ''Alicia en el País de las Maravillas'', por Tim Burton.-dijo detrás de mí. No sabía si mi corazón iba a desbocarse de un momento a otro por el sobresalto o por la alegría de volver a escuchar su voz.
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