Y fue un instante, tan solo un segundo efímero pero
bastó para darme el aliento que necesitaba para no
tirar la toalla, y tal vez para creer un poco más en mí,
y sí, creo que se ha dado cuenta de que la cosa va
mejor, supongo que es bueno que olvide cosas que
me encierran en mi misma y tiran la llave al fondo del
cajón de la tortura, supongo que también lo sabe, que
sabrá que le tengo que dar las gracias, muchas gracias
por todo, y sabes que tengo que dártelas, que eres esa
pequeña puerta de lógica y realismo que me falta en
mí. Gracias por hacerme sonreír hasta cuando mis
castigados labios sólo sabían callar, cuando sólo
podía cerrar los ojos y hundirme, por hacerme llorar
pero de felicidad, aunque es complicado, lo consigues.
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