"Caminaba cabizbajo, con la mente absorta en miles de sentimientos enredados entre sí, quizá ella tenía razón, tal vez necesitábamos darnos un tiempo. No podía sacarme de la cabeza ni por instante que lo habíamos dejado, no entraba en mi miserable puerta de la lógica, sabía que era todo muy precipitado pero, todo lo que hacía, todo lo que pensaba se reducía a una misma persona en concreto: ella, y nada más que ella.
Han pasado tan sólo unas semanas desde que decidimos separar nuestros caminos, pero no me acostumbro a dormir todas las noches sin ella, ni levantarme y verla sonreír, pero dicen que cuando no te queda nada más que la soledad ella no te falla. Pensé en llamarla varias veces pero no me cogía el teléfono, definitivamente no quería saber nada de mí así que como cada viernes lluvioso por la tarde, salí a devolverle a la soledad inmensa los recuerdos acuosos que ella había dejado en mí."
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