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miércoles, 14 de noviembre de 2012
Cap 1.
Desayuné como todos los días, pero esa mañana el desayuno iba acompañado de una llamada suya. Apenas comenzó a sonar por toda la cocina el tono de llamada y lo cogí al vuelo, me colgó dos segundos después sin decir nada así que dejé el teléfono sobre la mesa y terminé el desayuno. Fui directa a la ducha y cuando salí, vi que tenía un mensaje, no podía ser de nadie más, lo abrí con las manos temblorosas y me quedé paralizada, ni un ápice de mi se atrevió a moverse un milímetro más. Nerviosa y asustada me vestí corriendo y fui a verle, no podía creerlo, nunca pensé que fuese capaz de llegar a tanto, ni siquiera parecía la misma persona con la que había pasado la tarde el día anterior. Me acerqué, le acaricié las mejillas y le abracé tan fuerte como me permitían mis brazos desanimados; me respondió con una simple mirada, con eso, terminó todo. Se desplomó sobre mí como una débil hoja en otoño y apenas tuve reflejos para agarrarle con suficiente fuerza y arrastrarle hasta el sofá. Tuve que esperar un rato hasta que sus labios se decidieron a explicarme lo que había pasado, apenas le salían las palabras de su boca, pero yo sabía que esas palabras pesaban más de lo que parecía, tardé muy poco en comprobarlo cuando enseguida vi deslizarse por sus suaves mejillas una lágrima seguida de otra, no pude evitarlo y mi corazón se hizo pedazos otra vez más. No sabía como reaccionar ni que hacer, así que me limité a quedarme abrazada a su lado el resto de la tarde mientras su cuerpo medio desfallecido descansaba en mí con una fuerte y rápida respiración, a veces incluso me asustaba. De repente se giró bruscamente hacia mí y dijo: -Perdóname por favor, lo siento, no sabes cuanto. Se humedecieron sus pupilas y rompió a llorar de nuevo, apenas pudo pronunciar las últimas palabras, no podía aguantar verle así y me limité a contestarle lo que mi mente pudo encontrar: -Eh, ha sido un error ya está, y estoy aquí para todos los demás que cometas, para todo. Entonces me derrumbé y fui yo la le agarró tan fuerte que podía escuchar los latidos de su acelerado corazón asustado.
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